Secuestro exprés

Desde marzo no había escrito, no porque no tuviera cosas que platicar, describir o narrar, sino porque entre esa fecha y ahora se atravesó en mi vida un evento que me traumatizó y me había impedido escribir. Así que decidí que no lo haría hasta que pudiera compartirlo con ustedes.

El 26 de abril de 2010, después de un evento al que asistí y que me hizo muy feliz porque eso permitía que mi jefe y el grupo al que él pertenece siguiera al frente de la institución donde trabajo (tengo un jefazo), sufrí un secuestro exprés, una de las peores experiencias de mi vida. Independientemente del dinero que me robaron, lo más difícil de superar ha sido la terrible humillación y vejaciones que el acto en sí implica.

 Después de quién sabe cuánto tiempo, cuando por fin me soltaron, me quedé sin nada y tuve que regresar a mi casa gracias a la caridad de un joven matrimonio. No crean que fue fácil, las primeras personas a quienes pedí ayuda (dinero para un pesero y que me dijeran dónde estaba el metro más cercano) no me dieron los tres pesos y tampoco fueron muy específicos con respecto a la información.

 No iba vestida como pordiosera, y aunque entiendo la paranoia que todos tenemos en ese momento me sentí aun más desvalida.

Estos chicos me regalaron 10 pesos y me subieron en un pesero que me dejaría cerca de mi casa, ¡Dios los bendiga!

 Mientras estaba secuestrada, mi hijo me llamó y como estos tipos contestaron el teléfono y no lo colgaron, él se dio cuenta de lo que sucedía. Una pesadilla para él y luego para mi hija.

 Después del impacto, de mi familia y mío, fui a denunciar los hechos ante el Ministerio Público del D.F., llegué a mi casa pasada la una y media de la madrugada.

 A pesar de que tenía el nombre del tarjetón del chofer del taxi donde me secuestraron y la descripción de los secuestradores, nada sucedió. Bueno, me refiero en cuanto a la ley, porque para mí todo cambió. Estoy acudiendo a terapia por Síndrome de Estrés Postraumático. Y si antes la gente se me hacía sospechosa, ahora me cuido hasta de mi sombra.

 Jamás pensé que algo así podría sucederme, ahora mi miedo es que le pase a cualquiera de ustedes, a la gente que quiero.

 A pesar de todo, no lamento haber denunciado, era mi deber. Cada que veo que detuvieron a una banda busco la foto en las noticias con la esperanza de encontrar la cara de esos infelices atrapados por la policía.

 Como quiero tratar de dejar esto atrás, lo escribo para dar paso, una vez más a mis anécdotas o comentarios positivos. Aunque el miedo está ahí y creo que seguirá mucho tiempo. Les envío un beso. ¡Cuídense!

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