Estamos en guerra

Para ser sincera, varias veces pensé que México conmemoraría el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución Mexicana con una guerra. Después de la confrontación lópezobradorista con los panistas o simplemente contra quienes somos de derecha, muchas veces pensé que tal vez un día nos harían pedazos a todos. Sé que esa aseveración es injusta, por ser general, pero quien oiga a los ultras de izquierda y no comulgue con esa tendencia sabe a lo que me refiero.

Llegaron los Chuchos y pensé que había una posibilidad de reconciliación, porque finalmente todos somos mexicanos, llegó “Juanito” y me di cuenta de que la amenaza seguía latente.

Hoy, ya no me importa López Obrador (en realidad él nunca me ha importado), hoy al ver las fotografías de los helicópteros de la policía federal alistándose para viajar, no a Irak ni a Afganistán, no, ¡van a Michoacán! Mi corazón se encogió, mi estómago segregó grandes cantidades de jugos gástricos: me dolió el alma.

¿Cuántos de ellos no regresarán? No van a comprar uchepos o corundas. Van a cazar o a que los cacen, van a matar o a morir. Mexicanos en manos de mexicanos. ¡Éste es el verdadero complot! El del narcotráfico contra todos nosotros.

Me dan ganas de llorar al pensar en todas esas madres, hijas, hermanas, novias, padres, hijos, hermanos y novios que no volverán a abrazar a los suyos. Y me refiero a ambos bandos porque todos sufren, las heridas les duelen igual a los buenos y a los malos. La familia sufre igual por unos y por otros.

Y mientras, nosotros aquí, con el temor a flor de piel… qué sentirán ellos, los que se enfrentan. Ante esa pregunta me viene a la cabeza Lucas 22:44: “Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor era como espesas gotas de sangre que caían a la tierra”.  Nadie en el mundo debería tener que pasar por nada que eleve su miedo a esos niveles y ponga su vida en un riesgo tan grande por una estupidez como las drogas.

Nos quejamos de la policía, pero no hemos hecho nada para que vivan mejor, para eso hay que hacer marchas, para que coman, se eduquen, rían, estudien, disfruten como cualquiera porque aunque hay una bola de corruptos, muchos otros mueren deteniendo a un raterillo de poca monta o persiguiendo a secuestradores y narcotraficantes.

Siempre será un buen día para empezar a respetarlos, ni todos los policías son malos y corruptos, ni los ciudadanos somos blancas ovejitas; ni los lópezobradoristas son el enemigo; ni todos los de derecha son buenos católicos comprometidos.

Hoy es un buen día para elevar una plegaria por esos seres humanos que se enfrentarán, morirán y nadie habrá ganado.

La guerra se anticipó, no esperó el bicentenario ni el centenario, nos arrolló, llegó por donde menos lo imaginamos.

Hoy es un buen día para olvidar los agravios, no importa si somos de derecha, izquierda, de en medio, no importa si somos azules, amarillos, rojos o tricolores; la sangre de esos hombres y mujeres que parten hoy a Michoacán es roja y las lágrimas que derramaremos por ellos son transparentes.

Hoy sólo digo Padre nuestro (o cada quien como quiera) perdona nuestras ofensas, las suyas y líbranos y líbralos de todos los males. Amén

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