2 de octubre ¿no lo olvidan?

Magos, mi mamá, trabajaba en el edificio central del Departamento del Distrito Federal. Era una treintañera preocupada por la forma como se desarrollaban los acontecimientos hacia el último cuarto de 1968. No recuerdo qué día era, porque no sé si lo dijo la única vez que la escuché platicar esta anécdota y hace mucho tiempo que no está conmigo para poder preguntarle.

Había muchos manifestantes en la Plaza del Zócalo, los gritos eran cada vez mayores.  La movilización también era grandeen el interior; los empleados de todos los niveles estaban nerviosos y las cosas se pusieron peores cuando, por las ventanas, vieron que, eventual y discretamente, la policía era sustituida por militares. La orden vino del máximo nivel de autoridad: “desalojen los edificios y váyanse a sus casas”.

Los estudiantes y sus acompañantes (según mi mamá había también gente mayor) estaban cada vez más enardecidos. Como en cualquier situación mal manejada, la gente empezó a salir de las oficinas precipitadamente, sin orden, con angustia (todos amamos al ejército de lejos; todos le tememos de cerca o por lo menos así lo interpreto yo).

Como el paso a través de la plancha era imposible, Margarita decidió caminar hacia Fray Servando por la calle de 5 de febrero para evitar tanto a manifestantes como a militares. Cuando atravesaba el edificio gemelo por los portales, sin que ella supiera que las cosas se había salido de control, se escuchaban disparos y la gente empezó a correr. El pánico se apoderó de todos, incluso de mi madre. Ella también corrió (con mucho trabajo porque a ella le encantaba usar tacones muy altos). Dio vuelta a la izquierda en 5 de febrero mientras veía cómo bajaban las cortinas de los negocios. Era una avalancha que se precipitaba. Dio vuelta nuevamente y ya estaba en Venustiano Carranza. De pronto vio que por una puerta de Liverpool (la tienda departamental, que ya bajaba sus cortinas) entraban algunas personas. En su desesperación, y sin saber a ciencia cierta cómo lo hizo, corrió hasta allá y entró, justo detrás de Magos se cerró la puerta de la cortina, escuchó una ráfaga de balas y gente que golpeaba pidiendo que la dejaran entrar. Eran las 14:00 horas aproximadamente. La puerta no volvió a abrirse sino hasta las 20:00 horas. Poco a poco salieron quienes se habían resguardado ahí, agradecidos y temerosos. Afuera, desde hacía ya algunas horas, todo estaba en silencio.

Creo que lo que mi mamá vio la marcó para siempre: cuerpos inertes, cadáveres de desconocidos que le estrujaron el alma, camiones del ejército recolectando las bajas para limpiar las calles. Uno de los militares se acercó a mi madre y le preguntó que hacía y de dónde venía, ella se identificó. Abordó otro camión y, junto con otros burócratas, la sacaron de los alrededores.

Mientras tanto, mi papá moría de angustia, horas interminables de inquietud y zozobra a la espera de la peor de las noticias. A las 10 de la noche Mamá se encontró con él, pero una parte muy importante de su paz interior se perdió allí para siempre.

Sé que parece una historia rara, pero así sucedió o, por lo menos, así la escuché. Me gustaría preguntar ¿estás segura de que fue en 1968?, ¿qué sucedió en el Zócalo?, ¿qué estabas ahí?

Pero ya ahora no puedo…

¿Qué es lo que no se olvida del 2 de octubre? ¿Les parece una pregunta tonta? Es que no lo sé, según mi opinión lo que deberíamos hacer es honrar la memoria de quienes murieron en busca de LA PALABRA, del derecho A HABLAR, A ACTUAR, A ELEGIR… Eso lo hemos conquistado (u otros para nosotros), para honrarlo deberíamos usar la argumentación, no la patanería, debemos luchar por ideales no por un hueso en la política, deberíamos respetar los derechos y elecciones de todos.

Muy pocos saben a ciencia cierta qué sucedió y por qué. Pero estoy segura de que nadie murió para que un partido como el PT le viera la cara a un hombre como Rafael Acosta, “Juanito”; nadie murió para dejar a este país en manos del narco; nadie murió para que los mexicanos nos insultemos en la Asamblea Legislativa (a la que le han quitado lo honorable).

Dejemos que unos traten de recordar algo que no vivieron; que otros hagan el reciclaje político de esa situación; yo les invito a que nosotros honremos a esos muertos que no conocimos y que nos dieron la fuerza y el ejemplo para luchar por una vida mejor, sin importar cómo somos; cuánto tenemos; de qué color es nuestra piel o por cuál partido votamos.

2 de octubre de 2009, ¡no lo olviden!

Aquí ocurrió todo

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