¡Gracias Enrique!

Cada vez que inicio un nuevo curso de la clase Cultura y comunicación que imparto en la Facultad de Ingeniería de la UNAM, hago hincapié a mis alumnos sobre la importancia de la lectura en la vida de todo profesionista. En agosto de este año no fue la excepción: dije a mis alumnos que aun si llegarán (y espero que así sea) a ser tan reconocidos y ricos como Bill Gates o Carlos Slim, alguna vez tendrían que hablar de algo que no fuera computación o sistemas.

Incredulidad

Sus miradas me dicen que dudan lo que les digo. Debo reconocer que hay algunos alumnos con el hábito de la lectura, aunque no son muchos.

Para leer, hay que saber leer

Empezamos con las pruebas sobre la fluidez en la lectura; mejor no entro en detalle, solo puedo decir que les quedamos a deber mucho a estos chicos en la educación primaria y en la media superior. Una vez pasado ese trago amargo para todos, los alumnos fueron asignados con alguno de estos libros: Dr. Jekill, El club Dumas, Dorian Gray, Asesinato en Mesopotamia, 1984, La guerra de los mundos, La isla del tesoro, La isla misteriosa, Moby Dick, La máquina del tiempo y Fausto. Clásicos de aventura o misterio. Ustedes ¿ya los leyeron?

Un viaje por la cultura

Posteriormente organicé una visita guiada a la Pinacoteca de la Profesa; casi a nadie le gustan los museos, pero esta sería una experiencia diferente; yo sabía que los guías iban a captar su atención con sus cautivadoras narraciones sobre las obras pictóricas y las historias de los grandes maestros de la pintura novohispana. ¿A cuántos museos han asistido, recorrido, entendido, disfrutado ustedes en 2011? Mis alumnos, por lo menos a dos.

La siguiente actividad mayor fue acudir a la función musicalizada de Nosferatu, película clásica del cine mudo, no todos asistieron y quienes lo hicieron no fueron con la mejor actitud, pero a la mayoría le encantó la experiencia, se dieron la oportunidad de vivir el arte. ¿A ustedes les gusta el cine mudo? ¿Lo han intentado alguna vez?

Todo iba más o menos bien hasta que les di la (fatídica para ellos) noticia a mis alumnos: “sigue el Quijote”. Pucheros, quejas, nada valió. “Maestra, ¿lo vamos a leer en español antiguo?, pero si no se entiende nada…”. “No lo van a leer, lo van a escuchar”, y así fue, les aseguré que sería una experiencia inolvidable, que el audiolibro sería algo diferente. Una vez más prevaleció el escepticismo, y otra vez el resultado fue positivo.

Seguimos con las actividades culturales y de comunicación, y puedo decir que me siento muy orgullosa del resultado. Una de las tareas fue escribir un cuento y la calidad y creatividad fueron tan buenas que varios de ellos están ahora en concurso.

Gracias, Enrique Peña Nieto

Sin embargo, creo que hay algo que debo agradecerle a Enrique Peña Nieto, independientemente de quién es y quién será: con su ejemplo me dio la razón. La situación que lo ha puesto en el ojo del huracán no es exclusiva de él, lo han hecho muchos políticos; pero, para mis propósitos, este es el mejor ejemplo de que un título no vale nada por sí solo.

Enrique Peña Nieto es la muestra, por lo menos en este momento, de que no importa cuántos asesores estén disponibles, nada sustituye un buen acervo cultural; le hizo falta el apuntador.

¿Qué pasó con la última lectura?

Cuando terminaron de leer El Quijote les dije a mis alumnos: “Ahora no, pero tal vez un día se acordarán de mí y agradecerán que los haya obligado a escuchar/leer esta obra maestra; un día, cuando estén en una reunión y sean los únicos que puedan citar al “Caballero de la triste figura”, ustedes harán la diferencia”.

Ahora, mientras llegue otro que lo sustituya, podré decirle a mis alumnos: “Si no quieren ser como Peña Nieto, lean”.