¿Está México listo para un presidente homosexual?

Seguramente habrá quien lea este título y considere que me he vuelto loca: –¿A quién se le ocurre esa barbaridad?, –¡Claro que no!, dirán otros.  –¿En qué está pensando?

Las personas homosexuales podrían sentirse molestas por la naturaleza de mi cuestionamiento:

–¿Eso qué tiene que ver? ¿Es una burla?

No, ni es burla, ni me he vuelto loca. Es una duda genuina, como las que escucho a diario.

Yo pregunto: ¿Están seguros todos de que no lo hemos tenido?

¡NO!, la respuesta para mí es NO. Porque podemos inferir, asumir, concluir o inventar historias, anécdotas, mitos o realidades alrededor de la vida sexual de una persona, pero la verdad es que nadie sabe cuáles son sus preferencias, incluso de aquellos que aparentan ser más “machos”, “hombres de verdad”. No mis reyes y reinitas. Al cerrar la puerta cada quien es un misterio.

Misoginia o ganas de joder

Lo anterior viene a colación porque estoy hasta la MADRE, así en mayúsculas, de que columnistas, locutores, articulistas, académicos, políticos y opinión pública en general pregunten si México está listo para una mujer presidenta.

¿Hay algún hallazgo reciente de la ciencia que indique que el género determina la capacidad para resolver problemas? ¿De cuándo acá la capacidad se mide por la preferencia sexual?

Independientemente de cuál sea el candidato de su preferencia, me parece una precisión retrógrada.

Lo que a mí (solo hablo desde mi experiencia) me ha demostrado la historia es que muchos presidentes o primeros ministros, alrededor del mundo, han perdido la capacidad, no solo de gobernar sino de cuestionarse y de servir a su país y a sus gobernados, por una damisela querendona.

Las promesas y las esperanzas se van por el caño porque mujeres y hombres por igual son susceptibles de olvidar o perder los valores que ostentaban cuando llegaron al poder.

¿Y los demás?

¿Está México preparado para ser gobernado por un adúltero, por un padre irresponsable, un alcohólico o una prostituta?

¿Por un calvo o un gordo? ¿Por un indígena?

Parecen interpelaciones idiotas. No lo son, con un poco de conocimiento en historia de México, sabemos que de todo ha habido, de todo hay en la política de nuestro país. ¡Pero la mayoría de estas características no ha impedido que un hombre llegue al poder! Y bueno, qué me dicen de las mujeres en otros puestos importantes.

Ser mujer no es una limitación, no somos ciudadanas de segunda. No importa si vas a votar o no por Josefina, lo realmente importante es empezar a erradicar tanta discriminación sexual, racial, física. Josefina no la tiene fácil, ni en la derecha, ni arriba, abajo o en medio.

Y lo único que a mí me interesa es no el feminismo, sino la igualdad de oportunidades.

Si el candidato es ideal para mí, me vale si es gay o lesbiana, mujer u hombre, Adonis o Cuasimodo.

Pero antes de votar quiero oír propuestas, César Nava como candidato a senador por Tabasco; Gabriela Cuevas por Baja California. ¡No mamen!

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La llamada

Era una de esas llamadas que nunca esperas, pero siempre temes. El teléfono sonó a las dos de la madrugada, me levanté sobresaltado. No era mi celular, ese siempre lo guardo bajo mi almohada mientras duermo. Corrí al teléfono fijo. Cuando finalmente contesté, habían colgado.

Regresé rápidamente a mi habitación, revisé mi teléfono móvil. Una llamada perdida: número oculto. Pinche Nextel. ¿Quién es?, ¿quién es a esta hora? Ni modo, voy a marcar a casa de mi mamá, tal vez se sintió mal y necesita algo.

Ring, ring, ring, ring. Esto no me gusta nada. A ver si escucha su celular: “el número que usted marco está fuera del área de servicio”. ¿Cómo fuera del área? Si hay un lugar donde no falla la señal es en casa de mi mamá.

Ring, ring, ring

–Tía Lola, ¿eres tú?, soy Manuel.

–¿Manuel? ¡Qué bueno que me llamas! Fíjate que tu mamá no está en su casa. Oí el coche hace un rato, me asomé y solo vi que se alejaba a gran velocidad. La puerta de la entrada está abierta, pero francamente tengo miedo de ir y asomarme.

–No te preocupes, tía, no te muevas de ahí, voy a llamar a la policía y salgo para allá.

–No, mijo, yo ya les avisé, vienen para acá. Manolito, no sé por qué tengo esta angustia, mi hermana sería incapaz de salir sola a estas horas sin avisarnos–. Mi tía no pudo continuar, su voz se entrecortaba–. Se me hace que la secuestraron.

No pude seguir escuchando, el teléfono cayó de mis manos. Sentí un hueco que se abría en mi estómago. Quise moverme, pero ninguna parte de mi cuerpo respondía; todos mis vellos se erizaron, sentí una oleada de calor en el rostro.

   Es mi culpa, yo y mi necedad, mis ganas de ser independiente. Ahora, ¿dónde la busco? Pobrecita, siempre sola, algún infeliz debe haberse dado cuenta de que no había nadie y entró.

Sin que pudiera evitarlo, las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas y, así, regresé a mi habitación para vestirme.

¿Llamarán para pedirme rescate? ¿Querrían solo el coche? Por favor, Dios mío, que la dejen por ahí, no la vayan a violar. No, no debo pensar en eso, ¡mal hijo!

–Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre… ¿Te parezco un cínico?… Ahora sí, ahora sí me acuerdo de ti… vénganos tu reino, hágase tu vol… No eso no.

Cuando me dirigí a la puerta, me pareció escuchar un ruido. Será mejor que vaya por la pistola. ¡No!, estoy paranoico. No hay ningún ruido.

Giré para disponerme a salir y me encontré de frente con una mirada enfurecida y una mano que me golpeó con fuerza. Me desbalanceé y caí por el impacto del puñetazo. Abrí los ojos a todo lo que daban: no podía creer lo que veía. La contracción estomacal fue involuntaria. Vomité. Traté de incorporarme: no pude: sentí que me ahogaba. No supe ni cómo esa misma mano firme me enderezó.

–¡Mamá! ¿Qué haces aquí?

–¿Cuántas veces te he dicho que no te duermas sobre el celular? Me has estado marcando desde las 12 de la noche. ¡No me dejas dormir! Te llamo por el otro teléfono y no contestas, pensé que alguien se había metido a tu casa y estabas secuestrado.

–Voy a hablar con mi tía porque se quedó muy preocupada.

–¡Esa metiche! No me extrañaría que fuera capaz de llamar a la policía.

Como algunos de ustedes saben, estoy en un taller de cuento y novela con Beatriz Escalante, he escrito novela, pero este es mi primer cuento y quise compartir mis pininos con ustedes. Lourdes Chávez

http://www.facebook.com/lourdes.chavezsandoval