Una piedra en mi camino…

El fin de año fue diferente, eso me gusta. Claro que no pude disfrutar mucho porque estaba en cuenta regresiva, en lugar de regresar a mi amado trabajo (estaba de vacaciones), el 10 de enero me internaría en el Centro Médico del IMSS (por primera vez estaría en una institución no privada) para cumplir mi destino: la operación del riñón.

Desde que me dieron la orden de internamiento el 6 de diciembre, los nervios se apoderaron de mí. Empecé a ordenar mis cosas, les di instrucciones a mis hijos, quienes se rehusaban a escuchar mis sermones: “En caso de que algo no salga bien… bla, bla, bla…”

Mis amigas me animaban y me decían que pensara positivamente. Me costaba trabajo porque el médico internista ya me había advertido que la operación tenía bastante riesgo. A veces pensaba que estaba exagerando, pero la mayoría de las veces me veía con un pie en la frontera y no precisamente de turista.

El domingo 9 de enero fue un día de mucha tensión tanto para mí como para quienes me rodean, recibí la unción de los enfermos y me relajé un poco. Ante lo inevitable, el 10 de enero por la mañana Charbelí y yo llegamos al servicio de Urología para ingresar. Me presenté, de acuerdo con las instrucciones, con los residentes. Uno de ellos (en ese servicio todos son extremadamente amables) me ve fijamente y me dice: “Permítame un momento, enseguida la atendemos”. Me di cuenta de que estaban en junta y le pedí a Charbelí que bajara a empezar los trámites en Admisión. Sale el mismo residente para decirme que mi médico hablará conmigo porque… cha, cha, cha, chan, ¡Está descompuesta la pinza con la que tienen que ejecutar la operación!

Pensé que me iba a poner a berrear, sólo me salieron unas muy silenciosas lágrimas. No sabía si era tranquilidad, frustración, enojo, felicidad. ¿Tenía un poco más de tiempo o en realidad se me acababa? Me dijeron que no era definitivo, que esperara. Le pedí a Charbe que continuara el trámite, tal vez, efectivamente había una posibilidad.

Me senté junto a un señor que esperaba ahí pacientemente, uno de esos sabios anónimos que  parecen ser enviados por Dios. Yo no tenía ganas de hablar, me levantaba, caminaba, me volvía a sentar.

“Usted es muy hiperactiva, ¿verdad?” Lo vi de reojo, me dieron ganas de decirle: “Bromista, soy la  mujer más tranquila del mundo, paciente, nada me afecta, espero relajadamente.” No pude, sólo esbocé una leve sonrisa y seguí caminando.

“Venga, siéntese, ya le dijeron que ellos la llamaban, aunque se pasee no van a venir antes”. Me senté y empezó la plática. Su riñón, mi riñón, Dios, los doctores, su esposa, Deepak Chopra y el cambio en su vida.

Pensé: “Si yo tuviera una esposa como la suya, ya no tendría hígado”. Y él tranquilo. Me dio un remedio naturista, que se suma a las decenas de remedios que me han compartido. “¿Y a usted le funcionó?” Le pregunté. “No a mí me quitaron el riñón, pero yo tenía otro tipo de problemas”. Pasaba el tiempo y yo sin noticias, aunque gracias al señor yo estaba bastante relajada, de repente se me disparó la ansiedad y decidida fui a abordar a mi doctor. Pasado otro buen rato, me vio y me dijo: “La pinza está descompuesta, ya puse a un residente a llamar al proveedor, pero no creo que te vayamos a operar hoy”. Le comenté que el gastroenterólogo estaba esperando que me operaran para darme un tratamiento contra el helicobacter pylori que atormenta sin piedad mi estómago, me dijo que después de que me atacaran ese problema volverían a programarme. “No quiero que pase otro año”. Concluyó con una sonrisa amable y un apretón de manos.

Me fui a mi casa en estado de shock. ¡Nooooo! Tendré que pasar por esto otra vezzzzzzzzzzz. Quisiera un milagro que disolviera esa piedra. Ni modo.

El viernes 14 fui con el doctor Juan Miguel Abdo Francis, excelente gastroenterólogo, quien me ha tratado y estimó que aproximadamente en dos meses estaré lista para el nuevo calvario.

Mis amigas, mis compañeros de trabajo, mi familia y todo el que sabe que no me operaron está sorprendido. No es la primera vez que algo se suspende. El año pasado me pospusieron una tomografía del riñón durante 4 meses.

No estoy enojada con el médico, ni siquiera con el IMSS, estoy decepcionada del sistema. Recurrí al Seguro Social porque ya me habían operado en un excelente hospital particular con un reconocido médico y la piedra en el riñón volvió a crecer, nadie sabe por qué, me han hecho un año de estudios. El IMSS es una excelente institución, está rebasada por aspectos administrativos, por falta de control de calidad, pero este es un problema añejo, no es de hoy, pero a la fecha, nadie a podido hacer nada, igual que con mi riñón, yo he hecho uso de este recurso por primera vez, pero he escuchado muchas historias, el IMSS está enfermo y creo que la cura para su mal todavía no se descubre en nuestro país.

Mientras aquí esperaré. ¡Feliz inicio de año y gracias por su apoyo!

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