Consuelo

Durante esta semana he tenido la oportunidad de escuchar las cuitas de varias personas y de platicar algunas de las mías, por primera vez en lo que llevo de vida me di cuenta de que conforme crecemos es más difícil consolar a los demás y que ellos nos consuelen.

Reconfortar a un amigo, a un ser querido e incluso a un desconocido requiere de un acto de reflexión, otro de empatía, uno más de fortaleza y, el más fuerte y complicado, uno de honestidad.

Si somos honestos, difícilmente podremos consolar al otro, tal vez en un acto de verdadera empatía tendríamos que sentarnos a su lado, tomar su mano y llorar hasta que las lágrimas de ambas personas se agotaran, porque la realidad es que nunca sabemos si las cosas van a mejorar. Así, cuando decimos: “No te preocupes, ya verás que todo va a salir bien”, no estamos siendo honestos porque no sabemos qué va a pasar, de hecho a veces las cosas no pintan nada bien. Lo que hacemos es ponernos en comunión con el otro y simplemente… desear, ése es mi consuelo.

Les envío mi mano y les deseo que todo salga bien, aunque yo no lo sé, lo espero para todos y para mí.

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